# El buitre negro en la Sierra de la Demanda

La colonia de buitre negro en la Sierra de la Demanda marca una expansión natural hacia el norte que merece una visita atenta.

Fuente: https://cuadernodeaves.com/articulos/el-buitre-negro-en-la-sierra-de-la-demanda/
Publicado: 2026-09-22

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Quien quisiera ver buitre negro en la Península tenía que desplazarse a unos pocos enclaves tradicionales o conformarse con algún ejemplar errante sobrevolando una carroñera de leonados. Esa geografía ha empezado a cambiar, y una de las colonias que mejor ilustran el cambio está en un lugar que pocos observadores asocian con la especie: la Sierra de la Demanda, entre Burgos y La Rioja.

## Una colonia reciente en un paisaje antiguo

El buitre negro (*Aegypius monachus*) cría en las copas de árboles grandes, a menudo pinos resineros, pinos silvestres o encinas con el porte suficiente para sostener una plataforma que puede superar los dos metros de diámetro. Necesita, por tanto, masas forestales maduras y con cierta tranquilidad.

La Sierra de la Demanda alberga una colonia reproductora de buitre negro cuya existencia se ha ido confirmando a lo largo de la última década. La colonia ha mostrado un crecimiento gradual, aunque los datos definitivos de cada temporada tardan en consolidarse y conviene consultar las fuentes oficiales para cifras actualizadas.

Son cifras modestas comparadas con las más de 300 parejas de Monfragüe, pero el significado va más allá del número: representan una expansión natural hacia el norte, a una latitud y un tipo de bosque donde la especie no criaba en tiempos recientes.

## Dos buitres, dos maneras de ocupar el mismo territorio

La presencia de buitre leonado (*Gyps fulvus*) en la Sierra de la Demanda permite observar la convivencia de ambas especies en un mismo paisaje. Las diferencias de comportamiento son notables y ayudan tanto a la identificación en vuelo como a entender por qué no compiten de forma directa.

El leonado cría en colonias densas sobre cortados, se alimenta en grupo y duerme en dormideros comunales. Su estrategia de búsqueda de alimento depende en buena medida de la observación mutua: cuando un individuo desciende hacia una carroña, los demás lo detectan y convergen. Es un sistema eficaz que funciona mejor cuantos más ojos participen.

El buitre negro opera de un modo más solitario. Aunque forma colonias de cría, los nidos están mucho más dispersos, a veces separados por centenares de metros o incluso más de un kilómetro. Prospecta el terreno volando a menor altura que el leonado, a menudo siguiendo las líneas de arbolado. Su dieta está centrada en carroña, pero incluye con más frecuencia restos de menor tamaño: conejos, liebres, corderos muertos, incluso reptiles. En una carroñera compartida, el negro tiende a alimentarse en los márgenes o a llegar antes que el grueso de los leonados, aprovechando su capacidad para localizar la carroña de forma independiente.

En vuelo, la silueta es inconfundible para quien ya domina la del leonado. El negro es más grande, con alas más anchas y rectangulares, cola ligeramente cuneiforme en lugar de redondeada, y un vuelo que parece más pesado, con planeos largos y aleteos profundos y espaciados. A distancia, el tono general es pardo muy oscuro, casi negro, frente al pardo claro con remeras oscuras del leonado.

## Observar sin interferir

La temporada de cría del buitre negro comienza temprano. Las parejas ocupan los nidos entre enero y febrero, y los pollos permanecen en el nido hasta julio o agosto. A finales de septiembre la mayoría de los jóvenes del año ya han volado y comienzan sus primeros desplazamientos exploratorios, lo que paradójicamente hace que la especie sea más visible fuera de las zonas de cría estrictas.

La ventana de marzo a junio suele considerarse la más productiva para observar la colonia en activo. Pero la distancia de observación importa mucho. El buitre negro es más sensible a las molestias en el nido que el leonado, y un acercamiento excesivo durante la incubación puede provocar el abandono de la puesta. Conviene mantenerse a un mínimo de 500 metros de cualquier nido ocupado, y trabajar desde pistas forestales o puntos elevados con vista abierta al valle donde se asienta la colonia, sin necesidad de adentrarse en el bosque.

El telescopio terrestre es la herramienta principal desde esas distancias. Los prismáticos 10×42 sirven para localizar el vuelo de los adultos sobre la colonia y seguir sus trayectorias hacia las zonas de alimentación, pero para el trabajo de nido conviene contar con más aumentos y apertura.

Las horas centrales del día, cuando las térmicas levantan a los buitres, son las mejores para estudiar siluetas en vuelo y practicar la diferenciación con los leonados que comparten el espacio aéreo. Las tardes, con luz lateral, complican la observación de nidos en umbría pero favorecen el detalle del plumaje en vuelo contra cielo claro.

Los buitres toleran mejor un coche aparcado que una figura humana a pie en campo abierto, de modo que muchos observadores trabajan desde el vehículo o desde puntos fijos junto a la pista, usándolo como hide improvisado.

## Lo que cuentan los emisores GPS

Varias decenas de ejemplares de buitre negro, tanto adultos reproductores como juveniles nacidos en programas de refuerzo y en colonias naturales, llevan dispositivos GPS-GSM que transmiten su posición varias veces al día. Esos datos han revelado patrones que la observación directa no podría documentar.

Un factor clave para entender colonias jóvenes como la de la Demanda es la dispersión juvenil. Los jóvenes nacidos en los núcleos del centro y suroeste peninsular realizan movimientos exploratorios que pueden llevarlos a centenares de kilómetros de su lugar de nacimiento durante sus primeros dos o tres años de vida. Algunos de esos ejemplares errantes acaban estableciéndose en zonas con hábitat adecuado pero sin tradición de cría, y si encuentran pareja, fundan nuevos núcleos.

Los datos de telemetría también aportan información sobre los desplazamientos de alimentación de los adultos reproductores en colonias de reciente formación, lo que ayuda a valorar la capacidad de carga del territorio.

Los juveniles nacidos en la Demanda muestran un patrón de dispersión que los lleva hacia el sur en otoño e invierno. Hay registros en la Sierra de Guadarrama, los Montes de Toledo y, en algún caso, hasta Extremadura. Es un flujo inverso al que originó la colonia: los hijos del norte visitan los territorios de sus ancestros. Algunos regresan a la Demanda en años posteriores.

## El contexto de la expansión

La recuperación del buitre negro en la Península es una de las historias de conservación más lentas y menos llamativas de las últimas décadas. Desde los mínimos poblacionales del siglo XX, la tendencia ha sido de crecimiento sostenido, hasta superar las 3.000 parejas a escala peninsular según los censos más recientes. Pero ese crecimiento se ha producido sobre todo por densificación de los núcleos existentes, no por expansión geográfica. La Sierra de la Demanda, junto con algunos indicios de asentamiento en otras sierras del norte peninsular, representa algo cualitativamente distinto: la especie está ampliando su área de distribución reproductora hacia zonas donde llevaba siglos ausente o donde nunca se había documentado cría.

Las razones son probablemente múltiples. La recuperación de masas forestales en zonas de montaña despobladas ofrece hábitat de nidificación. Y la disponibilidad de carroña, aunque menor que en las dehesas del suroeste, se mantiene gracias a la ganadería extensiva que persiste en estas sierras.

Para el observador, la consecuencia práctica es que el buitre negro ha dejado de ser un ave exclusiva de media docena de enclaves. Quien recorra la Sierra de la Demanda en primavera con un telescopio y algo de paciencia tiene posibilidades reales de observar la especie en un contexto muy diferente al habitual: no sobre dehesas de encinas bajo un cielo extremeño, sino entre pinares de montaña con nieve residual en las cumbres y el canto del piquituerto de fondo. A finales de septiembre los juveniles del año ya vuelan. La silueta oscura, más ancha y más rectangular que la de cualquier leonado, se distingue bien incluso a ojo desnudo cuando cruza a altura moderada.

La Demanda no sustituye a Monfragüe como destino para quien quiera ver buitre negro con garantía. Pero añade una opción para quienes viven en el norte peninsular o transitan por la meseta castellana, y sobre todo ofrece la posibilidad de asistir a algo poco frecuente: una colonia en fase de establecimiento, creciendo despacio en un paisaje que parece hecho a medida para la especie pero que esta no ocupaba desde hace generaciones.