Limpiar y guardar los prismáticos para que duren veinte años
La reparación de unos prismáticos dañados resulta cara, a veces más que lo que costaría un modelo nuevo de gama media. Cuidar unos prismáticos no exige mucho tiempo ni productos sofisticados, pero sí una rutina coherente y, sobre todo, saber qué no hacer.
Lo que hay encima de las lentes
Los tratamientos multicapa de las superficies ópticas (capas de fluoruro de magnesio, dióxido de circonio u otros compuestos depositados al vacío) reducen los reflejos y mejoran la transmisión de luz. Un paño que arrastra un grano de arena las raya con facilidad, y el daño en esas capas es definitivo.
La regla más importante de la limpieza óptica es también la más contraintuitiva: antes de limpiar, hay que quitar lo que no se ve.
Secuencia de limpieza: polvo primero, grasa después
Paso 1 — Retirar partículas sueltas
La herramienta más segura es una pera de aire, el tipo de pera de goma con boquilla estrecha que se encuentra en cualquier tienda de fotografía. Se sopla desde un ángulo de unos 45 grados, de modo que las partículas caigan por gravedad en lugar de redistribuirse por la superficie.
Después de la pera, un pincel de pelo de cabra o de fibra sintética suave repasa lo que haya quedado adherido. El pincel debe estar limpio y seco; si se ha usado para otra cosa o ha estado suelto en una mochila, puede llevar grasa o arena fina, que es exactamente lo que se intenta evitar. Los pinceles retráctiles tipo lápiz, con tapa, son más prácticos en el campo porque protegen las fibras del contacto con otros objetos.
No sople con la boca. El aliento contiene humedad que puede dejar residuos sobre las superficies tratadas.
Paso 2 — Eliminar huellas y grasa
Una vez que la superficie está libre de partículas, se puede abordar la grasa. Se suele considerar que lo adecuado es emplear un paño de microfibra de calidad óptica, no el que viene con las gafas de lectura ni el que se usa para limpiar la pantalla del teléfono. La diferencia está en la densidad del tejido y en la ausencia de tratamientos químicos en la fibra. Varios fabricantes de óptica venden paños específicos.
El movimiento recomendado es circular, suave, desde el centro hacia el borde, sin presión. Si la huella resiste, se aplica una gota (una sola) de líquido de limpieza para ópticas con tratamiento multicapa. Estos líquidos suelen ser mezclas de alcohol isopropílico y agua destilada en proporciones seguras para los recubrimientos. La gota va sobre el paño, nunca directamente sobre la lente, para evitar que el líquido se cuele por el borde de la montura y alcance el interior.
Hay quien utiliza toallitas húmedas de un solo uso diseñadas para ópticas. Son una opción razonable en el campo, donde mantener un paño limpio resulta difícil. Conviene evitar, en cambio, toallitas genéricas, pañuelos de papel, la esquina de una camiseta o servilletas.
Paso 3 — Oculares y cuerpo
Los oculares suelen necesitar más atención que los objetivos. Conviene prestar atención a la copa ocular de goma o silicona. Si está plegada, se extiende antes de limpiar para acceder a la superficie completa de la lente.
El revestimiento de goma o elastómero que cubre la carcasa tolera agua y jabón neutro sin problema. Lo importante es que el agua no entre por las copas oculares ni por el eje de enfoque. Si el prismático está certificado como estanco (la especificación habitual menciona llenado con nitrógeno o argón), el riesgo es menor, pero no nulo: las juntas envejecen, y un prismático que era estanco hace diez años puede no serlo hoy.
Qué no usar nunca
- Aire comprimido en bote. Los propelentes pueden dejar residuos químicos sobre el tratamiento.
- Alcohol puro o acetona. Disuelven ciertos adhesivos ópticos y pueden dañar las capas más externas del tratamiento multicapa.
- Limpiadores domésticos de cristales. Contienen amoniaco u otros agentes que atacan los recubrimientos.
- Algodón o bastoncillos. Dejan fibras adheridas y, si la superficie no está libre de partículas, actúan como papel de lija fino.
Almacenamiento: el enemigo lento
Un golpe rompe un prismático de golpe. La humedad lo mata despacio, y por eso es más peligrosa: cuando se detecta el daño, lleva meses actuando.
Humedad
El hongo óptico (filamentos que crecen entre las superficies internas de las lentes) es uno de los enemigos más serios de cualquier instrumento óptico almacenado en condiciones inadecuadas. El factor determinante para su desarrollo es la humedad.
Si usted vive en una zona húmeda —la cornisa cantábrica, el litoral mediterráneo en verano, las marismas del Guadalquivir—, guardar los prismáticos en su funda dentro de un armario cerrado es una invitación al hongo. Se suele considerar que lo correcto es almacenarlos en un lugar ventilado, sin funda o con la funda abierta, a temperatura ambiente estable. Un armario con ventilación, una estantería en una habitación seca o, en climas difíciles, una caja estanca con bolsas de gel de sílice que se regeneran periódicamente en el horno.
Las bolsas de gel de sílice con indicador de color (naranja cuando están activas, verde o transparente cuando están saturadas) permiten saber cuándo hay que regenerarlas.
Temperatura
Los cambios bruscos de temperatura provocan condensación. Si el prismático no es completamente estanco, la humedad puede entrar y quedarse dentro, donde no se evapora fácilmente.
Conviene evitar transiciones térmicas bruscas. Si los prismáticos han estado en un ambiente frío, se dejan en la funda cerrada unos minutos para que la temperatura se iguale gradualmente antes de exponerlos al aire cálido y húmedo. En invierno, al volver del campo, conviene dejar que se atemperen antes de guardarlos en un espacio calefactado.
No almacene los prismáticos en el coche. La temperatura dentro de un vehículo aparcado al sol puede superar los 60 °C, lo que envejece las juntas de estanqueidad.
Fundas y correas
Usar la funda en el campo y durante el transporte tiene todo el sentido; dejar los prismáticos dentro de ella semanas seguidas, en un armario cerrado, no tanto.
Revise las correas periódicamente. Una correa que se suelta en el campo puede significar unos prismáticos contra una roca. Las correas tipo arnés, que reparten el peso entre los hombros, reducen la fatiga y el riesgo de caída en jornadas largas, pero lo relevante aquí es comprobar el estado de las fijaciones al menos al inicio de cada temporada.
Señales de que algo va mal
Desalineación
Si al mirar por los prismáticos nota fatiga ocular rápida, dolor de cabeza o una ligera sensación de imagen doble, es posible que los ejes ópticos hayan perdido su alineación, lo que se llama colimación. Un golpe, incluso moderado, puede desplazar un prisma lo suficiente para que los dos tubos ya no apunten exactamente al mismo punto.
La comprobación rápida consiste en mirar un objeto lejano con bordes definidos (una antena, el filo de un tejado) y cerrar alternativamente un ojo y otro. Si se percibe un salto anómalo en la posición de la imagen, conviene llevar el instrumento a un servicio técnico.
Hongo óptico
En fases tempranas, el hongo parece marcas de agua o tenues telarañas sobre las superficies internas.
Revise las lentes internas con cierta regularidad, apuntando el objetivo hacia una bombilla o hacia el cielo claro.
Condensación interna
Gotitas o velo en el interior de las lentes que no desaparecen al limpiar la superficie externa. Indica que el sellado ha fallado y ha entrado humedad. En prismáticos con relleno de gas inerte, esto significa que el gas se ha perdido. La reparación implica desmontar, secar, volver a sellar y rellenar. Un trabajo que solo tiene sentido económico en instrumentos de cierta categoría.
Mecanismo de enfoque duro o con holgura
La rueda de enfoque debe girar con resistencia uniforme, sin puntos duros ni juego. Si se nota arenosa o dura, puede haber entrado polvo en el mecanismo o haberse endurecido la grasa. Si, por el contrario, hay holgura —la rueda se mueve un poco antes de que la imagen responda, o el enfoque se desplaza solo al colgarse los prismáticos del cuello—, el mecanismo ha perdido ajuste. En ambos casos, un servicio técnico puede limpiar y reengrasar el sistema.
Una rutina realista
No hace falta limpiar los prismáticos después de cada salida. Si han estado expuestos a lluvia, salitre o barro, una limpieza del cuerpo y una revisión de las lentes al llegar a casa es razonable. Si la jornada ha sido seca y sin incidentes, basta con tapar los objetivos y guardarlos en un lugar adecuado.
Se suele considerar que lo más práctico es sistematizar la revisión periódica de las superficies internas, el estado de las juntas visibles, la suavidad del enfoque y la firmeza de las correas. En mayo, con la migración prenupcial todavía dejando paseriformes en los pasos del Estrecho y las rapaces ya instaladas en Monfragüe, es un buen momento para dedicar diez minutos al instrumento antes de que el ritmo de salidas se acelere.
Esa es la diferencia entre un instrumento que a los veinte años sigue ofreciendo la imagen por la que se pagó y otro que a los cinco ya pide una revisión que cuesta casi tanto como un modelo nuevo.